Encuestas: ¿para conocer o para influir?

Siempre que hay elecciones las encuestas se convierten en un tema de máxima actualidad.

En los últimos meses se han producido dos procesos electorales importantes, lo que ha hecho que la publicación de encuestas prolifere en una cantidad que no tenía precedentes.

Pocos días antes de las municipales y autonómicas me encontré por la calle con mi amiga Isabel, que dirige un instituto de investigación (no me gusta lo de casa de encuestas, que ahora parece que quieren poner de moda). Esperaba impaciente que pasara el 28 de mayo para poder bajar su ritmo de trabajo. ¡No sabía lo que se le venía encima!

Evolución semestral del número de encuestas electorales realizadas. (Fuente: Twitter de Enric Juliana).

Según un cálculo que publicó en Twitter el periodista Enric Juliana, en los 17 primeros días de julio se publicaron 105 encuestas, un promedio de algo más de seis al día.

Quienes nos hemos dedicado siempre a la investigación de mercados tenemos una especial preocupación por la imagen que las encuestas electorales proyectan sobre nuestro sector. Las previsiones electorales son uno de los pocos sectores donde llega el día en que la realidad permite contrastar el grado de calidad del trabajo realizado.

En los últimos años los resultados han hecho crecer esa preocupación en el sector.

La llegada de José Félix Tezanos, un hombre del aparato del PSOE, al CIS, abrió la caja de los truenos. Sus estimaciones han sido en muchas ocasiones diferentes a las que realizaban la mayor parte de los institutos privados para los medios de comunicación. Se criticaron incluso en los casos (pocos) en los que las previsiones del CIS se acercaron a los resultados más que las de esos institutos privados. Además, a lo largo de los años que lleva al frente de la institución ha cambiado en varias ocasiones el procedimiento de estimación, la llamada cocina, sin que se haya hecho entender del todo.

El caso es que Tezanos no es el primer hombre de partido que ha ocupado la presidencia del CIS: sin forzar mucho la memoria recuerdo a Rosa Conde, que fue ministra e incluso portavoz de Felipe González o Pilar del Castillo, ministra con Rajoy. En ninguno de los casos se generó tanta polémica. Seguramente eran tiempos menos crispados.

En esta ocasión veníamos de unas elecciones locales en las que las previsiones del CIS se quedaron muy lejos de la realidad, siempre sobrevalorando a los partidos de izquierda, mientras las previsiones de los institutos privados detectaron el auge de los partidos de derecha.

La precampaña y la campaña de las elecciones generales, con el aluvión de encuestas ya citado, mantuvo la misma tónica en las previsiones: casi todas las de los institutos privados anunciaban el triunfo amplio del Partido Popular y una muy probable mayoría absoluta de su coalición con Vox. En el otro extremo, el CIS preveía unos resultados muy diferentes, con la derecha muy lejos de la mayoría absoluta e incluso con un posible triunfo del PSOE. Nada que no hubiéramos vivido antes.

Lo que creo que ha cambiado en esta ocasión es el uso que se ha hecho desde algunos institutos, especialmente desde la dirección de uno de ellos, de los resultados de las encuestas para crear un clima de opinión que hacía casi imposible pensar en un resultado diferente de una mayoría absoluta para la coalición de la derecha.

Cuando cerraron los colegios y se publicaron las que se siguen llamando encuestas a pie de urna, aunque ya no se hagan así, parecían confirmar las previsiones mayoritarias de los institutos privados: ganaría el PP, que con Vox iba a alcanzar la mayoría absoluta.

Todo cambió cuando empezaron a conocerse los primeros datos de recuento real: el PP era el partido más votado, pero las mayorías absolutas, de uno u otro signo, iban a ser difíciles de construir e incluso la más probable era la que podría formarse en torno al PSOE y Sumar.

Ninguna encuesta había acertado los resultados: la más próxima, la de DB40, estimaba bien los escaños del PP, pero erraba en otras cosas; la del CIS tampoco acertaba, pero se situaba entre las cinco mejores. Pero las estimaciones no estaban tan lejos de la realidad como pareció en un primer momento.

¿Qué había pasado? Se creó un clima de opinión que daba casi por seguro un resultado que sólo era el más probable, pero también era el más deseado por una buena parte de los medios de comunicación.

Como sigo teniendo muy buenos amigos en el sector, el mismo día 24 por la noche les hice a unos cuantos la misma pregunta:

¿Qué ha pasado con las encuestas electorales?

¿Lo analizaremos como sector?

El mismo día 25, entre las 8:00 y las 9:30 recibí unas cuantas respuestas. Las reproduzco aquí.

Isabel: Creo que hay varias causas. Me voy de vacaciones, a ver si nos vemos en septiembre.

Xavier: Según mi punto de vista el problema es que las encuestas las hacen empresas para clientes con intereses y, como ya sucede con el periodismo, se cocinan teniendo en cuenta esos intereses. Casualmente los medios de derechas sobrestimaron más al PP.

Y así pierden el respeto…Y con razón.

Y si I+A tiene que velar por la neutralidad del sector…Complicado.

Lo que más me molesta es que los medios, y ahora nuestra profesión, influyen en los resultados con su falta de ética.

Esta vez Tezanos es de los que tienen menor desviación. Y no sé si eso gustará a los que organizaron la sesión contra el CIS. Que hay que tener en cuenta si I+A es neutral.

A AEDEMO le costaba ser autocrítica y a I+A aún más. Y es necesario barrer la casa antes de criticar la del vecino.

Y una vez depurados esos intereses económicos habría que analizar los sesgos provocados por la metodología y técnicas de captación. Sí sabemos qué hay que hacer, pero el caso es si interesa hacerlo.

Felipe: Uff. Ni idea de lo que ha pasado. Y como sector me extraña que lo hagamos. Pero bueno hoy como con XX, experto en estudios electorales. A ver qué dice, si hay ganas de montar algo. Manipulación, para las relevantes, no creo (otra cosa son las que sólo aparecen para electorales para el mismo medio…esas siempre van para el mismo lado.

Jorge: Sería una buena idea. La imagen del sector ha quedado bastante tocada, especialmente por los incorrectamente llamados Sondeos a Pie de Urna…Hasta 7 días antes de la fecha electoral hay un margen de aceptabilidad para cualquier sondeo publicado, la intención de voto puede variar en la última semana (o así se puede justificar). Pero en la jornada electoral los Sondeos a Pie de Urna (que así es como se realizaban) sólo tienen sentido si permiten avanzar al cierre de los colegios un avance coherente de los resultados finales. Si no es así no tiene ningún sentido realizarlos.

Mercedes: (me enlaza esta entrevista a Belén Barreiro publicada al día siguiente a las elecciones). Si queréis hacer algo desde I+A hablo con Belén para que participemos.

Siempre nos ha dado mucha rabia la insistencia de Michavila en decir que las encuestas online no valen para estimar voto…(otras cosas sí y voto no???). Es algo que ya dijo en un debate que hubo en la asociación con Kiko Llaneras.

Eso también es para nosotros un refrendo de la metodología online.

Fernando: No lo sé, pero me da la impresión de que hay mucha cocina con demasiados ingredientes!!!

Muy pocos dan los votos brutos y los criterios de atribución del voto!!

Hasta aquí las opiniones de mis amigos, todos ellos profesionales cualificados y con una larga experiencia en estudios de opinión.

Yo creo que el problema no está en los errores cometidos que, como dice Jorge y parece deducirse de la entrevista a Belén Barreiro, podrían atribuirse a cambios de opinión en la última semana y, si seguíamos los análisis de Kiko Llaneras, también sabíamos que era probable que la coalición de las derechas no llegara a la mayoría absoluta. El problema es que, desde muchos medios y algunos institutos, se hayan utilizado los resultados de las encuestas para crear un clima de opinión y tratar así de influir en los resultados electorales.

La investigación debería servir para conocer mejor la realidad, los medios deberían informar y dejar a los políticos las interpretaciones y los intentos de influir en el voto. Pero ese mundo ideal no existe.

(*) La asociación I+A celebrará, en una fecha aún por determinar, una sesión para analizar lo ocurrido.

2 comentarios en «Encuestas: ¿para conocer o para influir?»

  1. Mi querido Eduardo, la «polémica» (perdón por el eufemismo) con Tezanos no es por ser un hombre de partido (como bien has recordado,no es el primer caso) sino por la orientación sectaria de su gestión. Belén Barreiro es un buen ejemplo, es una persona con una clara postura política, pero esta no le hizo ser sectaria en su época del CIS, ni ahora como profesional de la investigación.
    Todos tenemos alguna ideología (y en cuanto hablamos «se nos ve el plumero»), lo malo es cuando esa ideología se torna en sectarismo y lleva a prácticas poco profesionales y manipulaciones al servicio de nuestras ideas.
    Si eso encima es en un cargo público, pagado por todos los españoles, eso es inaceptable.
    En el caso de Tezanos, el estrambote es cuando encima se permite el lujo de arremeter contra los profesionales del sector.
    Citas al bueno de Felipe, con quien a los 5 minutos de charlar abiertamente, es clara su ideología – bien distinta de la mía. NUNCA he tenido problemas cuando hemos hecho proyectos profesionales juntos.
    En investigación, si tienes ideas preconcebidas sobre el tema a investigar, lo mejor que se puede hacer es precisamente ponerlas a prueba y asumir personalmente los resultados.
    Tras el «fiasco» de las Elecciones del 93, trabajé en un instituto que llegó a poner en los inicios de sus presentaciones de credenciales, como punto fuerte a favor, que no hacíamos encuestas electorales.
    Por cierto, en el 93, el gran Jorge Clemente clavo los resultados y la cadena de TV que contrató el estudio le hizo revisar la «cocina» (mal término, que añade imagen de manipulación, para denominar un trabajo técnico de calibración) para que no fuera tan a la contra del resto de institutos. Aún con eso, fueron los que más se acercaron y los resultados finales estaban dentro del margen.

    Otro día hablamos de cómo los medios manipulan la interpretación de los resultados de esas encuestas y precisamente Juliana es un buen ejemplo de ello.

    Y sobre si las encuestas online sirven para estimar determinadas cosas y no otras… pues es literalmente así: el canal por el cual contactas y a través del cual se contesta, marca sesgos. Esos sesgos pueden ser corregidos o atenuados, si se tienen claros y se asumen, bien con trabajo de equilibrado (dentro de la «cocina») o incluso con la manera de preguntar.
    Es obvio que un canal que no recoge al 100% de electores, tiene zonas de debilidad en la muestra. Y además, habría que matizar si estamos hablando de una muestra aleatoria online o de un panel online, que tienen características muy distintas a la hora de corregir los sesgos.
    Si quieres conocer por qué un determinado perfil no compra online, ¿harías la encuesta entre la gente que sí compra online esa categoría? Pues eso.
    Y ya sabes que en el propio seno de i+a fui el primero que propuso declarar persona non grata al ínclito Tenazas.

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  2. Gracias por tus comentarios, Justerini. Tocas tantos temas que no va a ser fácil responderte.
    Todos tenemos nuestra ideología y, como tú dices, se nos nota. Cuando se utiliza para manipular desprestigia a nuestra profesión. Es más grave cuando se hace desde un cargo público, sin duda, pero en cualquier caso es grave.
    Yo creo que trabajé con casi todos los profesionales de mi época, fuera cual fuera su ideología, que era irrelevante. Y con todos trabajé bien y a gusto.
    Por cierto, no recuerdo en qué instituto trabajaste. ¿Me perdí ese capítulo?
    En mis tiempos de televisión participé en dos estudios electorales; en los dos se clavaron los resultados (y entonces había mucha menos cocina) pero en uno de ellos, uno de los que llamaban israelitas, nos animaron a cambiar un dato porque un partido nuevo poco conocido salía con más representación de la esperada (pero que fue la real cuando se contaron los votos).
    Y sí, completamente de acuerdo: las encuestas online, o las telefónicas, o las presenciales, son más adecuadas para unas cosas que para otras. Recuerdo una polémica que tuve a principios de los noventa, en la revista Anuncios, con mi amigo Ricardo Romero de Tejada, con el que luego trabajé en muchas ocasiones, sobre la idoneidad del teléfono (que entonces no llegaba al 80% de cobertura) para determinados estudios. No todo lo soluciona el equilibraje.
    Creo que a los dos nos ha quedado muy largo, pero siempre es un placer tenerte ahí al otro lado para polemizar.

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