Mis lecturas de junio de 2023

Comparado con mayo, junio fue un mes en el que terminé pocos libros: sólo tres; y uno de ellos lo había ido leyendo poco a poco a lo largo de meses anteriores. Repaso mi apretada agenda y no veo que tuviera ninguna actividad especial, de esas que te absorben todo el tiempo y te dificultan la lectura. Es verdad que las dos novelas que terminé son algo más largas que el promedio, pero creo que debería buscar otra explicación.

La llama de Focea, de Lorenzo Silva. (FOTO de la portada: E.Madinaveitia)

La primera que terminé fue La llama de Focea, de Lorenzo Silva, una excelente novela negra, en la que se entremezclan el esclarecimiento del asesinato de una joven en el camino de Santiago y un análisis muy interesante del conflicto catalán. Muy actual y atinada, en mi opinión.

Una nueva entrega de la pareja Bevilacqua y Chamorro, tan interesante, o más, como las anteriores. Me gustó el desarrollo de la trama del asesinato de la joven catalana en una de las últimas etapas de su camino de Santiago, pero también cómo el autor va intercalando su punto de vista sobre el conflicto catalán; un punto de vista que no está muy alejado del mío.

Las complejas alianzas, los enfrentamientos, incluso familiares, por los distintos puntos de vista respecto al independentismo y el procés, tratados con respeto y con una cierta distancia, constituyen un mosaico de gran interés.

He comentado muchas veces aquí mi afición por el ciclismo. Quienes me conocen bien, lo saben, así que no es raro recibir regalos relacionados con ese tema o incluso que me apoyen para ir a ver el Tour de Francia el día en que una etapa sale de mi pueblo. Eso pasa pocas veces; pensaba que este año era la primera, pero vi que ya había ocurrido en 1973 . Por cierto, no sé por dónde andaría yo en julio del 73 que no recuerdo haber estado allí. Todo esto viene a cuento de otra de mis lecturas, la que fui leyendo poco a poco en meses anteriores y que acabé en junio: Metiendo codos, de Laura Meseguer. Veo que Laura Messeguer es una periodista habitual en el mundo del ciclismo en prensa de papel y ahora también en las retransmisiones televisivas. Reconozco que no la recordaba. El libro es un recorrido por los años más brillantes del ciclismo español, los de Óscar Freire,Alejandro Valverde, Alberto Contador, Purito Rodríguez y tantos otros. Los años en los que el ciclismo español, sin olvidarse de las grandes carreras por etapas, su fortaleza tradicional, apuesta también por las grandes clásicas de un día, lo que trajo consigo un buen número de campeonatos del mundo (los tres de Freire, el de Valverde, el de Astarloa,…) y triunfos en las clásicas de primavera, tanto en el norte, con las numerosas Flecha Wallona, como en la Milán-San Remo.

Metiendo codos, de Laura Messeguer. (FOTO de la portada: E.Madinaveitia)

Decir que esos son los años dorados del ciclismo español, tras los cinco Tours de Indurain y todo lo que pasó a principios de los noventa, es pensar que la afición española ha cambiado su mentalidad y ya valora, como las de otros países tradicionales del ciclismo, los triunfos en las grandes clásicas de un día. Es pensar también que los mejores años de nuestro ciclismo coinciden con la época en la que las marcas retiraron su apoyo a un deporte demonizado, lo que hizo que sólo un equipo español corriera en las carreras de primer nivel, cuando antes había cinco o seis. Pero hay que reconocer que fue un momento brillante de nuestro ciclismo. Messeguer lo recoge bien, aunque la lectura del libro deja una cierta sensación de desorden, de una falta de decisión sobre si ordenar por corredores, por carreras por años o por,…

Pero disfruté mucho con el libro y rememoré unos años en los que disfruté mucho siguiendo a esos corredores. Yo siempre he seguido las clásicas de un día, además de, por supuesto, las grandes vueltas.

Lo demás es aire, de Juan Gómez Bárcena. (FOTO de la portada: E.Madinaveitia)

Terminé mi mes de lecturas con Lo demás es aire, de Juan Gómez Bárcena. Un libro difícil de definir: podría ser la autobiografía del autor y de Toñanes, el pequeño pueblo de Cantabria con el que se identifica; desde la prehistoria hasta la pandemia, todo intercalado, con las fechas insertas en el margen. Un libro con una estructura compleja que complica algo, no demasiado, la lectura, pero que, en mi caso al menos, mantuvo el interés a lo largo de su elevado número de páginas.

La vida del autor y de su familia se va entremezclando, a veces incluso sin puntuaciones que lo indiquen, con las de todos los vecinos de cualquier época y todos los sucesos documentados que tengan algo que ver con el lugar.

Un libro cuando menos curioso, aunque a veces sea algo complicado de leer.

Había visto el año pasado críticas interesantes, pero no me decidí a comprarlo. Este año vi al autor en la feria del libro y lo compré para que me lo dedicara.

No me arrepiento de haberlo comprado.

 

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