En mayo terminé varios de esos libros de no ficción que voy alternando con otros y alargo su lectura durante varios meses. Eso hace que el número de reseñas que corresponden a este mes sea elevado: tantas como nueve; casi dos por semana.
Además, por esas casualidades que tiene la vida, en la ficción acabó siendo un mes muy marcado por el corazón, lo que, para una persona como yo que tiene un gran corazón (o sea de un tamaño anormal) que le da algún problema y que lleva casi un año a la espera de que le implanten un marcapasos, fue un tanto atosigante. Pero me gustó ver esos casos que afectaban a personajes y que, ¡claro! eran más graves que el mío.
Voy ya con las reseñas, que me llevarán un tiempo.

Einstein y el arte de montar en bicicleta es uno de esos libros que fui saboreando poco a poco a lo largo de varios meses. Este libro de Ben Irvin lleva por subtítulo Buscando el equilibrio en el mundo moderno. Se sitúa entre la loa a la bicicleta y sus virtudes y el libro de autoayuda, con frases estimulantes. El autor, filósofo de formación, ensalza las virtudes de la bicicleta, con el mundo y la vida de Einstein como fuentes de inspiración. Un libro interesante, que me gustó leer. Uno de los muchos libros relacionados con la bicicleta, una de mis aficiones, que voy leyendo a lo largo del tiempo.
El primer libro de ficción que terminé fue Salvo mi corazón, todo está bien, de Héctor Abad Faciolince. Un sacerdote, bueno y muy culto (experto en Cine y en Ópera) está a la espera de un trasplante de corazón. Su vida cambia en la nueva casa en la que va a vivir. Basada en hechos reales y, creo también, muy relacionada con la salud del propio autor.

Abad Faciolince es el autor de la muy alabada El olvido que seremos, una novela que me encantó en su momento y que incluso fue llevada al cine años después. Era una recomendación clásica de La Modesta Librería, que cerró hace poco. Cuando me la recomendaron ya la había leído y compré La oculta, del mismo autor, también con tintes autobiográficos (todas sus obras los tienen) y que también me gustó mucho.
En esta ocasión, como ya he comentado, el tema me tocaba muy de cerca: tampoco mi corazón está bien del todo. Además, al ser el protagonista un sacerdote, contiene interesantes reflexiones sobre la religión.
Un libro muy interesante y muy bien escrito.
Tenía el libro en casa para leerlo en algún momento cuando se anunció que sería el protagonista de la conversación con Rafa Caunedo en el Círculo Cultural de El Corte Inglés. Me esforcé para terminarlo a tiempo y lo conseguí, pero finalmente no pude asistir. Sé que fue una sesión muy interesante, porque el autor lo es, además de una muy buena persona. Cuando poco tiempo después le vi afectado por los bombardeos rusos en Ucrania y leí lo que escribió sobre ese tema, me confirmé en esa idea.

Aunque Gravedad cero, de Woody Allen sea un libro de ficción, un conjunto de cerca de 20 relatos con el más característico humor del autor, lo leí en pequeñas dosis, alternando los relatos con otras ficciones. Nueva York y el mundo del Cine constituyen el ambiente de muchos de ellos. Son relatos muy ácidos, muy sarcásticos, muy característicos de Woody Allen. Lo pasé muy bien leyéndolo; es muy divertido. Siempre me ha gustado el cine dirigido por este autor, lo que seguro ayuda.
Ya he comentado alguna vez por aquí que tengo la suerte de tener por vecino a Ray Loriga. Hace unos meses, cuando acababa de salir su último libro, Cualquier verano es un final, dejaron en mi casa un paquete para él, que había salido un momento. Cuando se lo fui a entregar, lo abrió pensando que serían ejemplares de su último libro, con la intención de regalarme uno (lo hizo a los pocos días, cuando recibió otro paquete, este ya en su casa). El caso es que lo que le llegaba era una reedición de Héroes, una de sus primeras novelas. Y me regaló un ejemplar.

Ray empezó a escribir muy joven y enseguida tuvo éxito. Recuerdo que era el escritor favorito de mi hija Usúe en sus tiempos de universitaria; luego en su época de RNE llegó a entrevistarle dos veces y siempre venía emocionada a casa.
Héroes es una de aquellas primeras novelas y se le nota un poco. Es una novela corta y muy fácil de leer (la leí en un día). La componen capítulos muy cortos, brillantes como fuegos artificiales, un tanto inconexos. ¿Son las aventuras de un joven o el sueño, con drogas, rock and roll y algo de sexo, de ese mismo joven que no sale de su habitación?
Creo que me habría gustado más en su momento, cuando yo también era más joven y apreciaba más ese tipo de experimentos brillantes.
Seguro que en su momento, hace 30 años, esa brillantez impresionaba más que ahora. Pero también pienso que en esa época yo tenía una hija adolescente y, seguramente, me habría asustado. Luego esa hija leyó el libro y le gustó (incluso entrevistó al autor y se emocionó con él cuando trabajó en la radio) pero ya era otro momento. Cuando al cabo de los años, mi hija ya no vivía en casa, se lo encontró como vecino nuestro, la sorpresa fue mayúscula.
Cómo hacer que te pasen cosas buenas, de Marian Rojas Estapé, fue otro de esos libros que voy alternando con otros y que acabo leyendo a lo largo de varios meses.

No soy muy dado a leer libros de autoayuda (aunque quienes lean esta entrada no pensarán eso) pero este me lo pasó mi hija cuando a finales del año pasado atravesé una mala racha por mis problemas de salud. Me pareció muy interesante y creo que fue uno de los factores que me ayudó a superar el mal momento.
La idea de centrarse en el presente y afrontar los problemas con optimismo, olvidarse de aquello que no tiene remedio y no podemos cambiar…todo ello visto desde un punto médico y fisiológico: las hormonas que segregamos (dopamina, cortisol,…) y su influencia en nuestra vida. Todo ello explicado con casos reales que la psiquiatra ha vivido y tratado en su actividad profesional. Me resultó muy interesante.
El cisne negro, de Nassim Nicholas Taleb, es uno de esos libros de los que has oído hablar mucho, que crees que será interesante, pero nunca te decides a leer. Yo me decidí a la vuelta del verano pasado y, efectivamente es interesante, pero también excesivamente largo y bastante reiterativo. Lo iba cogiendo y dejando y acabé tardando varios meses en terminar de leerlo.



