Cuando, allá por 2008, Julián Bravo me habló de su intención de crear, junto con un pequeño grupo de profesionales, la Academia de la Publicidad, me sumé enseguida a la idea. Desde el principio he sido miembro de la Academia, durante varios años fui miembro de su junta directiva (con tres presidentes diferentes: el propio Julián Bravo, Fernando Herrero y Pablo Alzugaray) e incluso un año fui miembro del jurado.

Reconocer a las figuras que nos precedieron y han dado valor a nuestra profesión es una tarea importante, que la Academia ha venido haciendo desde entonces, con ritmos variables: primero se nombraban seis Académicos de Honor, había que recuperar muchos años de retraso histórico, luego se pasó a elegir solo cuatro y la actual junta directiva, junto con los jurados nombrados por ella, decidió apostar por una mayor excelencia y reducir la memoria a un único académico de honor cada año. Creo que no es una buena decisión: volveremos a acumular retraso histórico y se nos quedarán sin elegir figuras importantes, aunque quizá de menos relumbrón. La publicidad se compone de muchos oficios, todos necesarios, y al elegir solo a una persona es muy probable que se olviden algunos de ellos.
La Academia ha emprendido también otros caminos por los que potenciar esa memoria: los podcast, de los que ya hablé aquí, con entrevistas a figuras importantes, o la biblioteca, que ya lleva un buen número de títulos publicados, algunos de ellos de clara orientación histórica.

Pero la Academia no es la única que trabaja para que las grandes figuras del sector, las grandes agencias, las grandes campañas y las ideas que las hicieron posibles no caigan en el olvido. Somos una profesión olvidadiza; más aún ahora cuando se han incorporado nuevos perfiles que no se sienten del todo publicitarios. Pero algunas figuras e instituciones trabajan para llenar ese vacío.
Pienso ahora en Sergio Rodríguez que, con su Centro de Documentación Publicitaria está haciendo todo lo posible, y más, para mantener viva La historia de la publicidad. Desde Mallorca realiza un trabajo colosal que la profesión, sin duda, le agradecerá algún día. Es un elemento imprescindible en el jurado que elige a los académicos de honor, pero algún año tendrá que dejar de ser miembro para que se le pueda elegir a él.

También me parece digna de elogio la actividad de María Ángeles Varvaró, documentando desde Valencia la Historia de la Publicidad Exterior, que nos está descubriendo, o recordando, el papel de un medio absolutamente versátil y los diversos tipos de acciones que se han realizado a lo largo del tiempo tanto en España como en otros países.
Cuidar la memoria de nuestra profesión es una tarea importante. Gracias a quienes lo hacen.
(*): Escribí este artículo para la revista IPMark, que lo publicó en su número de enero.
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