Aquel octubre fue un mes diferente. Por algún malentendido con las doctoras acabamos prolongando la estancia en la casa de La Ribera más tiempo del que esperábamos. Además fue el mes en que decidí darle un empujón definitivo a la publicación de mi libro, que aún no se llamaba Y al final…el miedo. Revisar los relatos que ya tenía listos para publicar, terminar algún otro que se me resistía o incluso escribir de cabo a rabo alguno más, me llevó bastante tiempo. Además empecé mis contactos con Opera Prima, la que acabaría siendo la editorial en la que lo publiqué.

Con todo eso, y el viaje, y las visitas, ahora sí, a los médicos, acabé leyendo menos libros de los que acostumbro. Fueron sólo tres, y no especialmente largos.
El primero que terminé fue Morir en la arena, de Leonardo Padura, un libro que llevaba muy pocos días en las estanterías.
La historia de un parricida que va a salir de la cárcel después de cumplir muchos años de condena y una historia de amor aplazado se entremezclan con la decadencia de Cuba durante los últimos cuarenta años, especialmente desde el derrumbe de la Unión Soviética y el desencanto de la generación que creyó en la revolución.
Muy en la línea de las últimas obras de Padura aunque, en mi opinión, sin llegar al nivel de Como polvo en el viento.
Una novela dura, tierna e interesante. Un buen Padura.

Continué con una relectura: Tokio blues, de Haruki Murakami. Dieciocho años después me ha seguido sorprendiendo la combinación de música, sexo adolescente y suicidios. Un gran Murakami.
De mi lectura anterior, en 2008, recordaba más los suicidios que el erotismo entre adolescentes. Y recordaba la música de Los Beatles, pero no que a lo largo de todo el libro resuena la música, pop o clásica, que ahora es muy fácil recuperar y escuchar mientras se lee.
Fue una lectura muy diferente a la de la primera vez y disfruté mucho con la recuperación.

Mi última lectura del mes fue otro libro recién publicado: ¿Qué pasa con Baum?, de Woody Allen.
Me gusta mucho el cine de Woody Allen; creo que he visto casi todas sus películas, algunas de ellas varias veces. He disfrutado mucho también con sus libros de relatos, incluso con su autobiografía, aunque tenía algunos fragmentos prescindibles. Así que compré esta, su primera novela, con muchas ganas.
El resultado no es malo, pero me decepcionó un poco. Queda lejos del nivel de sus relatos y mucho más lejos aún del que alcanzan muchas de sus películas.