Con toda la actividad relacionada con el lanzamiento de mi libro de relatos Y al final…el miedo he tenido bastante abandonado este blog y especialmente las reseñas mensuales de mis lecturas, que han acumulado un notable retraso. no sé si alguien lo ha echado de menos, pero voy a intentar recuperarlo en las próximas semanas.
Septiembre queda ya bastante lejos. Iba a ser el último mes de vacaciones de jubilado en La Ribera pero, por razones médicas, o administrativas, se alargaron un poco más, hasta ya bastante entrado el mes de octubre.
En el terreno de las lecturas voy a hablar de los seis libros que terminé ese mes, cuatro de ellos relecturas de libros que había leído ya años antes. Es un decir pues si Heráclito decía que no te bañas dos veces en el mismo río, yo tengo claro que nunca se lee dos veces el mismo libro, especialmente si, como en esta ocasión, han pasado muchos años entre una lectura y otra.

Comencé con La ciudad y los perros, la primera novela de Mario Vargas Llosa. Una grandísima obra, preludio de las obras maestras que escribió después. La había leído en 1971, hace más de cincuenta años y, sorprendentemente, (lo normal en mi caso es que a los pocos meses de leer un libro ya no recuerde casi nada) recordaba el argumento y muchos detalles. Un ácida crítica de la educación militar, que el propio escritor sufrió en el colegio Leoncio Prado, en el que le internó su padre cuando vio que le gustaba escribir y pensó que no sería suficiente macho. No sé qué habría pensado ese padre si hubiera visto las hazañas de su hijo en ese terreno.
En mi caso, La ciudad y los perros fue, tras el libro de relatos Los jefes, del mismo autor, mi primer contacto con los escritores del boom latinoamericano, que tanto me fascinó siempre. Luego he leído casi todo lo que fue publicando Vargas Llosa, uno de mis autores favoritos, del que me han gustado incluso algunas de sus obras menores.
La ciudad y los perros es, sigue siendo, una grandísima novela.

También hacía bastante tiempo, aunque no tanto, allá por 1994,que había leído Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Fui leyendo en su momento casi todas las obras de este autor, pero cuando falleció hace unos años pensé que debía releer alguna. El final del verano fue ese momento. Caprichos de mi memoria. no la recordaba tanto como la de Vargas Llosa, aunque sí algunos detalles. Sigue siendo tan impresionante como casi todas las obras de este autor. Me volvió a gustar; fue una buena elección como relectura.

Terminé después Voces del espejo, un libro de relatos que compré en la Feria del Libro al ver que su autor, Luis Mateo Díaz estaba completamente solo pese a su reciente Premio Cervantes y a su extensa obra. El contraste de la soledad de los autores consagrados con las inmensas colas de los youtubers y autores similares siempre me llama la atención. Para mal. Mi relación con él no ha sido muy buena: leí hace muchos años La fuente de la edad, una de sus primeras obras y no debió de gustarme mucho porque no lo he seguido buscando. Como si él conociera esto, tampoco hizo mucho esfuerzo con su dedicatoria.
Voces del espejo es una recopilación heterogénea de relatos, reflexiones, recuerdos e incluso diálogos con personajes de obras anteriores del autor. Visto desde ahora, es probable que esta variedad de géneros mezclados me animara a publicar mi propio libro de relatos, que, en cierto modo, también es una mezcla extraña.

Continué con otra relectura: El mundo de ayer, que el autor Stefan Zweig subtitula como Memorias de un europeo. En este caso no habían pasado muchos años desde mi lectura anterior, pero releer a Zweig siempre merece la pena. Este libro es, además, algo así como el testamento del mundo que desapareció con el auge de los totalitarismos. El libro es mucho más que un libro de memorias, es el retrato de una época, que abarca desde finales del siglo XIX hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, a partir de un cierto momento casi no habla de su vida. Me llamó la atención cuando cuenta que el día en que Hitler invadió Polonia, con lo que comenzó esa guerra, él iba a contraer matrimonio por segunda vez, aunque no había llegado a hablar antes de su primera esposa.
Un libro muy bueno en todos los sentidos, muy interesante y muy actual, aunque esté escrito hace más de ochenta años. Aquel mundo de finales del XIX no volverá, pero los motivos que lo destruyeron están de nuevo aquí. Zweig no esperó a que la guerra cambiara de signo y se suicidó antes, pensando que el mundo no tenía arreglo.

Me gusta mucho Irène Némirowsky; Los fuegos de otoño fue mi siguiente relectura; no habían pasado muchos años desde la primera lectura, pero había olvidado gran parte del argumento. No es una obra muy larga, pero sí de gran intensidad.
El marido de la protagonista muere en la Primera Guerra Mundial, cuando llevan muy poco tiempo casados. El periodo de entreguerras supone el triunfo de la especulación y la corrupción en Francia. Ese es el ambiente en el que se desenvuelve el segundo marido de la protagonista y la novela en general. Una historia de amores y desamores en la que la nueva guerra lo cambia todo.
Una novela interesante y muy bien escrita, como todo lo que he leído de esta autora.

El último libro que terminé en septiembre lo había ido leyendo a lo largo de todo el verano. El tercer tomo de los Cuentos completos, de Antón P. Chéjov. También lo compré en la Feria del Libro. En una de las veladas inspiradoras que organiza Usúe, vino (en realidad no vino: se conectó desde Lima, donde estaba en viaje de trabajo) Juan Casamayor, el editor de Páginas de espuma, una editorial que se ha especializado en realizar magníficas ediciones de libros de relatos, de autores clásicos o contemporáneos. En la velada dijo que su autor favorito de relatos era Chéjov. Al llegar a su puesto en la Feria vi que los cuentos completos ocupan cuatro volúmenes, cada uno de ellos muy voluminoso. Le pregunté a Juan cual me recomendaba para empezar; siguiendo su consejo, compré el tercero. Consta de ochenta relatos, escritos entre 1887 y 1893, que ocupan más de 1100 páginas de letra no muy grande, extensiones diversas (entre cinco y más de cien páginas) y temática muy variada. Una lectura sumamente interesante
En ese momento yo estaba peleando con mis propios relatos; no sé si me influyó en alguno. ¡Ya me gustaría!