Hace poco más de un mes, a principios de abril, asistí a la presentación del libro El hombre al que nunca dicen no, de mi amigo Juan Ramón Plana. El subtítulo, La magia de las relaciones, ya nos da una pista de por donde va el contenido.
Me habría gustado escribir entonces sobre la presentación, brillante como todas las que tienen que ver con Juan Ramón. Quienes asistíamos a sus presentaciones de los premios EFI las recordamos siempre con admiración. Pero mi mes de abril ha sido más complicado que lo habitual y hasta ahora no me ha sido posible.
En aquella presentación se rodeó de amigos, también en el escenario, pero muchos menos de los que él mismo reconoce tener. Sin duda somos varios cientos, quizá miles. Llenó la sala del edificio del BBVA de la Castellana pese a que poco rato después había partido de Champions en el cercano Bernabéu.
La puesta de escena, con Lidia Sanz y Javier Plana, hijo del protagonista, como maestros de ceremonias, y siete amigos, de los ámbitos más variados, en el escenario, se basó en una broma: tenían que limitar el tiempo en que Juan Ramón podía hablar, dando a entender que, si no era así, no soltaría el micrófono en toda la tarde. Todo terminó a la hora prevista; a pesar de lo que se daba a entender, el autor es disciplinado. ¡No podía ser de otra forma, si las normas las ponía él.

No faltó la tuna con sus canciones. En una de ellas les apoyó Jorge, el hijo de Javier y nieto del autor. No podíamos quedarnos sin la nota emocional si queríamos tener una ceremonia completa, como a él le gustan.
Como ya ha pasado un mes y he visto muchas perspectivas sobre la presentación, todas positivas, y sobre el autor, al que todos queremos, hoy voy a hablar de su libro.
Es un libro corto; no llega a las 140 páginas y tiene cerca de cuarenta capítulos, o sea que son capítulos muy breves; el más largo tiene siete páginas. Se lee muy bien, así que podría habérmelo leído en una sentada, pero preferí degustarlo poco a poco, como un vino de calidad, de los que seguro le gustan a Juan Ramón.
La estructura, un diálogo entre un veterano y un joven, entre la experiencia y la esperanza, tiene notas de la Grecia clásica (Sócrates y Platón). Como allí, es el joven, Julio, que pronto se convierte en Observador, el que representa el papel de narrador, mientras el experimentado, que podría ser el propio autor y adopta el nombre de Net, va dando consejos a los que llama clavos (hasta 26 clavos). Las relaciones, la amistad, la cultura, la importancia de asociarse y rodearse de gente que comparte intereses, la generosidad, la marca personal, la comunicación, en todos sus sentidos, y muchos otros temas importantes para la vida, van desfilando por el libro en forma de pequeñas píldoras, que nos dejan con ese extraño sabor de boca, el de cuando sentimos que algo nos sabe a poco.
Para los que nos quedamos con ganas de más, seguro que el autor nos seguirá completando sus mensajes y deleitándonos con nuevos libros o charlas que iremos disfrutando en los próximos años.

Me dedicó el libro con un mensaje en clave: Para Eduardo, con Temor reverencial. Te quiero amigo.
De todos los sentimientos que creo que puedo inspirar a quienes me conocen, nunca pensé que el temor (ni siquiera el reverencial) pudiera estar entre ellos. Seguro que la próxima vez que le vea, me lo explica.
Me hizo mucha ilusión que en la breve biografía que incluye la solapa del libro, entre las obras colectivas en las que ha participado, incluye Jubilarte, el arte de jubilarte, un libro que pensé junto con Usúe, mi hija, en el que participaron cerca de cuarenta personas de diversos ámbitos y que hace ya ocho años, allá por el 2017, ponía el foco en la importancia de los seniors y de esta etapa de la vida, que sigue siendo muy interesante. Recuerdo que, en una primera conversación, cuando le propuse participar en Jubilarte, me dijo que no podía (¿él sí puede decir no?). Tardó muy poco en repensarlo y escribió una magnífica aportación.
Gracias por todo, Juan Ramón.
Borra la primera parte de la dedicatoria que iba dedicada a tus siempre certeras opiniones, ahora , despues de tu comentario, ya no te temo pero subraya la segunda parte el : » Te quiero amigo»
Muchas gracias, Juan Ramón. Yo también te quiero…y te respeto mucho.
Dos grandes!
Muchas gracias, Justerini. Un abrazo. Y ¡viva la radio!
Gracias Justerini y un abrazo estés donde estés
Que buen resumen del libro Eduardo y que certeras tus palabras hacía Juan Ramón. Yo sólo puedo añadir una gratitud más a los dos, y es que gracias a Juan Ramón que habló contigo pudimos tenerte de ponente de honor en la sesión del relanzamiento de la IAA en España hace ya 3 años. Todo un lujo haber contado con tu sabiduría Eduardo y muchas gracias a Juan Ramón por habernos unido, un signo más de la magia de las relaciones que tan bien se describe en su libro
Muchas gracias, Olga.
Para mí sí que fue un honor que os acordarais de mí, un jubilado, para un evento tan importante como vuestro relanzamiento.
Y sí: Juan Ramón es un buen pegamento creando relaciones.
Buaaaa, qué amigos tengo, de llorar