El vigía de la Atalaya

Me encantan los regalos personalizados. Me encantan las personas que piensan en la persona a la que van a regalar cuando deciden el regalo.

Hace unos días conté mi viaje a la fábrica de chocolate, pero ese no fue mi único regalo el día de mi cumpleaños.

También conté hace poco que firmaba algunos de mis artículos como El Vigía.

Ya hace casi un cuarto de siglo, a principios de 2001, empecé con un grupo de amigos que trabajaban en diferentes medios un estudio para prever la evolución de las inversiones publicitarias en los diferentes medios. Cuando empezó a tomar importancia y decidimos publicarlo en medios había que ponerle un nombre. Le llamé ZOOM Vigía. Entonces las herramientas de Zenith se llamaban con el prefijo ZOOM. Unos años después se dejó de utilizar ese prefijo y el estudio pasó a ser Zenith Vigía. Cada dos meses publicaba una previsión. Pronto el número de panelistas, de participantes en el estudio, se había multiplicado por quince respecto a la pequeña muestra inicial.

Unos años después, en plena crisis económica de 2008, hacer previsiones cada dos meses, cuando la economía se desplomaba ante nuestros ojos, se quedaba corto. Pero, pensé, machacar al mismo panel enviándoles un cuestionario cada mes era una manera de destruir el estudio.

Decidí montar un nuevo panel; en este caso con amigos que trabajasen en empresas anunciantes. Algunas de esas empresas eran clientes o exclientes de Zenith (sí; yo hice muchos amigos entre los clientes), pero la mayoría eran simplemente amigos.

A este segundo estudio lo llamé Zenthinela, haciendo un juego con las letras de la empresa. A la unión de los dos estudios, que acababan produciendo una previsión cada mes, con la única excepción de los meses de agosto, le llamé proyecto Atalaya.

El proyecto murió ahora hace exactamente cinco años, cuando me jubilé en febrero de 2020. Había llegado a un acuerdo verbal con la empresa para que el estudio se siguiera haciendo con mi colaboración externa, pero el acuerdo duró dos días, exactamente hasta el 2 de marzo, cuando me comunicaron que el estudio seguiría sin mí.

Sólo pasaron unos días más cuando llegó el confinamiento por la pandemia y la empresa decidió que en un entorno tan convulso no tenía sentido hacer previsiones y suprimió el estudio.

¡Un estudio hecho a partir de opiniones de expertos, implicados en el tema que se estudia, no tiene sentido en una situación compleja! A veces las justificaciones de decisiones arbitrarias son sumamente sorprendentes.

El caso es que el estudio, el proyecto Atalaya, desapareció cuando acababa de cumplir diecinueve años. Cuando murió ya era mayor de edad.

Desde hace casi quince años publico una columna (bueno, media) semanal en la revista IPMark. Llamé a esta sección Desde mi Atalaya.

Botella de El Vigía de la Atalaya. (FOTO y brazo de E.Madinaveitia)

Nunca había visto que existe un vino que se llama El Vigía de la Atalaya; no habría podido imaginarlo. Pero sí; existe. Mi hija y su familia lo encontraron.

Y ese fue otro de los regalos que más ilusión me han hecho en mi vida.

El Vigía de la Atalaya es un vino de las viñas de la familia Gil, de la denominación de origen protegida Almansa.

Aún no lo he probado. Lo guardo para una ocasión especial.

Pero seguro que me gustará.

Este blog también se llama El Vigía. Cuando empecé a escribirlo se publicaba en el diario 20 Minutos; nunca les estaré suficientemente agradecido a los responsables del periódico gratuito. Entonces el blog se llamaba Casi enteros (porque aunque hablaba mucho de medios no era sólo eso; era más que medios). Cuando después de algo más de diez años 20 Minutos me comunicó que ya no les interesaba, yo pensé que podía seguir escribiendo, aunque fuera con mucha menos audiencia, y seguí publicando en un nuevo blog (que en realidad no era nuevo del todo) que se llamó El Vigía. Este que, si has llegado hasta aquí, estás leyendo ahora.

(*) Buscando referencias de mis estudios Vigía en el blog he encontrado un comentario de Concha Caballero (a quien no conozco) que, allá por el año 2013 describía por anticipado la situación que íbamos a vivir (y que hemos vivido. Merece la pena leerlo aquí.

2 comentarios en «El vigía de la Atalaya»

  1. ¡Muy bueno!, cuando el entorno es complejo, la información para entender el entorno no tiene sentido… Really, George?
    El que hizo el emoji de la cara con la mano en la frente (los veteranos recordamos el anuncio de ¡Anda, los donuts! ¡Anda, la cartera!) lo hizo pensando en estos casos.

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    • Muchas gracias, Justerini.
      Seguro que te ha pasado muchas veces. Las reacciones de los jefes (o, en este caso, de los exjefes recientes) a veces son arbitrarias y difíciles de justificar.

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