En la última semana de enero me he encontrado con dos noticias que puede que no tengan nada que ver entre sí (o, a lo mejor, sí) y quizás tampoco con este mundo que nos está llegando, en el que los más fuertes imponen su ley, aunque sea la ley de la selva.
Por una parte, YouTube suspende su acuerdo con el BARB en el Reino Unido, el único paso que había dado una de las grandes plataformas tecnológicas para ser medido según los consensos de mercado.
El BARB es el JIC, el organismo que mide las audiencias audiovisuales en el Reino Unido. Se basa en el consenso y en el hecho de que los datos deben ser auditados por un tercero.
Por otra parte, leo que el MRC (Media Rating Council) que audita los sistemas de medición en Estados Unidos, ha puesto sus ojos en Europa, en busca de una homogeneización de los sistemas de medición de audiencias a ambos lados del Atlántico.

Esto, que podría ser una buena noticia, me parece muy preocupante cuando viene de la mano de un organismo que admite en su país las medidas ofrecidas por los propios actores (las plataformas) sin ningún tipo de control externo.
Estados Unidos nos puede dar lecciones a los europeos en muchos aspectos, pero creo que justo en el tema de las mediciones y los consensos, les llevamos mucha ventaja.
El conflicto de intereses entre los anunciantes, que necesitan mediciones claras, abiertas, controlables y consensuadas, y las grandes plataformas, que con sus mediciones opacas y sus “wallet gardens” se están haciendo con la parte del león de las inversiones publicitarias, no debería terminar con el triunfo de estas últimas.
Europa debe reaccionar. Todavía estamos a tiempo.
Ya hay iniciativas para mejorar las mediciones actuales y adaptarlas al “nuevo” mercado. Es el momento de ponerse las pilas y apretar el acelerador.
También en estos aspectos Europa se la juega.
(*) Escribí este artículo para la revista IPMark, que lo ha publicado en su número de febrero de 2026.