Allá por el mes de octubre, o quizá fuera principios de noviembre, en uno de los viajes de mi hermana Ana a Madrid, estuvimos intentando hacer un esquema de la situación en Palestina y de cómo ha sido la historia de esas tierras en las que acababa de estallar, de nuevo, el conflicto.
Yo tenía diecisiete años cuando estalló la Guerra de los Seis Días. Siempre me había interesado la política internacional (de la nacional nos dejaban saber poco); a finales de aquel mes de junio me iba a examinar en Valladolid de Preuniversitario (el acceso a la Universidad que aún no se llamaba Selectividad) y en una de las pruebas se suponía que podían preguntar temas de actualidad. No había nada más actual, así que me empapé del tema. Luego, creo recordar, no preguntaron sobre ese ni sobre ningún otro tema de actualidad. Más tarde leí Éxodo (también vi la película; aún recuerdo la música) y otras obras de León Uris y unas cuantas obras más relacionadas con el tema; casi siempre desde el punto de vista judío, o no sé si mejor, sionista.

El caso es que Ana y yo pasamos un buen rato hablando sobre el tema; incluso se llevó el esquema que había hecho yo para explicarlo. Me preguntó ¿has leído el libro de Julia Navarro sobre el tema? No lo había leído, así que, el Olentzero que se enteró, me regaló Dispara, yo ya estoy muerto.
Esa fue mi primera lectura de enero de este año.
El libro es una buena aproximación al conflicto árabe/israelí buscando una explicación a su duración y su inevitabilidad, huyendo de la parcialidad. Narra la relación, a lo largo de más de cien años, entre dos familias, una judía y otra musulmana, amigas antes de la partición acordada en Naciones Unidas en 1947 y que se ven abocadas al enfrentamiento después. A lo largo de 900 páginas mantiene el interés sin tomar un partido decidido hacia una de las partes.
Una manera interesante de contar un conflicto que ya dura demasiado, tan inexplicable como inevitable, que siempre vuelve a estar de actualidad. Trágica, como en este momento.
Un libro interesante y entretenido. Largo, pero fácil de leer.
Sobre este asunto hay una cuestión que siempre me ha parecido llamativa, pero que creo que nunca se comenta: entre el final de la guerra de 1948 y la de los Seis Días pasaron casi veinte años en los que prácticamente todos los territorios que habían correspondido a Palestina en la partición estuvieron bajo el dominio y la administración de países árabes (Egipto y Jordania fundamentalmente) y nunca se intentó crear ese estado palestino que luego se ha echado tanto de menos.

Después de dedicar tanto tiempo a la lectura de un libro, el resto del mes se lo llevaron libros cortos, los más cortos entre los que me habían traído los Reyes.
Las despedidas, de Jacobo Bergareche, es una novela corta pero muy intensa. Narra un encuentro casual e inesperado con una mujer con la que el narrador compartió unos días hace algún tiempo.
La novela transcurre en poco más de un día, aunque hace referencia a los recuerdos de aquella semana que vivió muchos años antes. Las despedidas tienen que ser cortas, aunque en este caso se plantean situaciones sorprendentes e inesperadas. Nada es en la realidad como los recuerdos y la imaginación nos lo representaban.
Interesante, bien escrita y con mucho sobre lo que reflexionar.

Continué con El estado de la unión, del inglés Nick Hornby. Una novela corta, como tocaba, y muy entretenida; se puede leer de una sentada.
Una matrimonio en crisis acude a terapia de pareja. Antes de subir a las sesiones se reúnen en el pub de enfrente para charlar. se produce una serie de situaciones desconcertantes y llenas de humor.
Después de leerla me enteré de que con base en esta novela Stephen Frears dirigió una serie, también muy divertida.

Terminé enero con otra lectura corta, pero en este caso más intensa: Canto yo y la montaña baila, de Irene Solà. Creo que me la recomendó mi amigo Felipe (o no sé si fue este libro en concreto, pero sí fue el primero que me habló de esta autora catalana).
Canto yo,… es un libro diferente, original y muy bien escrito. El Pirineo catalán como protagonista a veces, y siempre como fondo y escenario de leyenda e historias humanas que, no siempre, se entrecruzan.
Muy interesante y muy diferente de lo habitual. No tiene un gran argumento, pero la mezcla entre la historia que va desgranando y las leyendas del Pirineo catalán, en un tono casi poético consigue un resultado interesante y agradable de leer.