Europa y la Inteligencia Artificial

2023 ha sido el año de la Inteligencia Artificial (IA o AI según tomemos las siglas en español o en inglés); seguramente 2024 lo seguirá siendo.

La IA no es una novedad de este año. En realidad ya llevábamos mucha en nuestros bolsillos desde hace tiempo: los modelos de previsión meteorológica, los asistentes que nos ayudan a ir de un lugar a otro evitando los atascos o incluso los que nos sugieren la siguiente palabra cuando estamos escribiendo un texto en Whatsapp o en cualquier otro sistema de textos, ya eran ejemplos, más o menos sencillos, de Inteligencia Artificial.

Recuerdo que yo mismo, a comienzos de milenio, allá por el año 2001, presenté una ponencia en un AEDEMO de Televisión, junto con Juan Luis Valderrábano, en la que utilizábamos redes neuronales, una de las bases de la inteligencia artificial, para anticipar la eficacia de campañas en televisión en función de los resultados de una serie de estudios Menfis.

Congreso de los Diputados de España. (FOTO: E.Madinaveitia).

Pero fue el lanzamiento de Chat GPT a finales de 2022 lo que provocó el interés general de una gran parte de la población en el fenómeno de la IA generativa. El hecho de poder redactar textos, componer canciones o generar imágenes con diferentes estilos siguiendo determinadas instrucciones fue el detonador.

A partir de ese momento se empezaron a generar esos textos o esas imágenes, pero también se empezaron a ver todos los inconvenientes que su mal uso podría traer a nuestras vidas: los estudiantes presentarían trabajos espectaculares sobre temas que desconocían absolutamente, no se necesitarían médicos para diagnosticar enfermedades, las máquinas harían la mejor defensa en los juicios o, ya en nuestro terreno, no se necesitarían creativos para proponer las mejores campañas, ni planificadores para realizar planes de medios, ni…

Así, millones de trabajadores de cuello blanco perderían su empleo.

Y, lo que es peor, cualquier texto, o cualquier imagen, o cualquier música que estuvieran en Internet (o sea todas) podrían ser utilizadas por los sistemas de IA para realizar sus trabajos, con una eficiencia inalcanzable por cualquier ser humano, incapaz de revisar la infinidad de archivos que sobre cualquier tema pueden encontrarse en la red.

La reacción en Estados Unidos fue crear nuevos sistemas de IA que mejoraran lo que había, crear nuevas empresas con nuevos desarrollos o que las grandes empresas compraran a las que iban presentando los mejores. Algo similar ocurre en China donde, con toda seguridad, surgirán empresas que sigan el modelo americano, lo integren o lo mejoren.

En Europa la reacción institucional, lejos de promover la creación de empresas que avancen en ese campo, o de apoyar a las que vayan surgiendo, ha sido crear la primera ley que regulará en el mundo el uso de la Inteligencia Artificial. Seguramente acabaremos teniendo, como ya ocurrió con la protección de datos, las mejores leyes para regular un sector en auge, leyes que se adoptarán, o se copiarán, en otros continentes. Pero serán leyes que, en su mayor medida, regularán empresas, o proyectos, realizados en otras latitudes y que generarán sus mayores beneficios en países de otros continentes.

En Europa somos buenos regulando y generando importantes trámites burocráticos, pero parece que hemos generalizado aquel “que inventen ellos” que, a principios del siglo pasado escribiera don Miguel de Unamuno refiriéndose, entonces, a España.

¿Hemos renunciado a avanzar o aún estamos a tiempo?

(*): Escribí este artículo para el número de enero de la revista IPMark.

Deja un comentario