Mis lecturas de noviembre de 2024

Ha ce unos días vimos en el teatro La función que sale mal, una comedia divertida y recomendable para pasar un buen rato. Lleva varios años en cartel, pero hasta ahora no habíamos ido a verla.

Mi mes de noviembre fue el de la intervención que salió bien. Eso, que es una buena noticia, no deja de hacer que uno tenga la cabeza ocupada y pensando en otras cosas (o casi sólo en esa) hasta que llega el día. Así que, aunque tenía mucho tiempo para hacerlo, no leí demasiado: terminé cuatro libros, uno de ellos muy breve y otro que había venido leyendo a lo largo de los meses anteriores.

La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth. (Foto de ls portada: E.Madinaveitia)

Mi primera lectura, ese libro muy breve, fue La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth. Es un cuento breve (poco más de sesenta páginas de formato pequeño) curioso y aparentemente ingenuo que, sin embargo tiene múltiples interpretaciones. En la edición de Acantilado que yo leí el cuento va acompañado de un postfacio, de Berta Ares Yáñez, casi tan largo como el propio cuento,  que permite profundizar en esas posibles interpretaciones y en el momento de la vida del autor en que fue escrito.

Un relato delicioso que leí casi sin darme cuenta. Me encantó.

Creo que era mi primera lectura de Joseph Roth (a veces lo confundo con otros escritores del mismo apellido; de Philip he leído varias obras). Me suena La marcha Radetzky, pero no la recuerdo bien y no la encuentro entre mis apuntes.

También me gustó mucho Ropa de casa, de Ignacio Martínez de Pisón, un autor del que he leído muchas obras (tengo apuntadas once, desde aquella primera Alguien te observa en secreto, que leí en 1986) y casi siempre las he disfrutado.

Ropa de casa, de Ignacio Martínez de Pisón. (FOTO de la portada: E.Madinaveitia).

En este caso se trata de una autobiografía «de un joven más bien corriente, ni alto ni bajo, ni bueno ni malo, pero dotado, eso sí, del don de saber contar historias» (en sus propias palabras). Aunque ya, claro, no sea tan joven. Es también un reflejo de nuestra época y contiene una buena cantidad de retratos de escritores con los que ha coincidido: Bernardo Atxaga, Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Javier Tomeo, Carlos Barral, Jorge Herralde, José Antonio Labordeta, Alfredo Bryce Echenique, Ana María Matute, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina…(y seguramente me dejo unos cuantos)

Un libro muy agradable de leer.

Continué con Arde ya la yedra, un curioso juguete literario del escritor extremeño Gonzalo Hidalgo Bayal. Es todo un homenaje a los palíndromos y a sus constructores. Ya el título es un palíndromo y 38 de los 77 capítulos también se construyen sobre ese tipo de frases, algunas muy conseguidas.

Arde ya la yedra, de Gonzalo Hidalgo Bayal. (FOTO de la portada: E.Madinaveitia)

Casualidades de la vida: en Ropa de casa, el libro que comento en los párrafos anteriores, los palíndromos también juegan un papel importante en alguno de sus capítulos.

La segunda parte es una crítica a la proliferación de concursos literarios, también interesante, entretenida y con mucho sentido del humor.

Me lo recomendó mi amigo Gonzalo Iruzubieta, al que le doy las gracias.

El último libro que terminé en noviembre, ya cerca de final de mes fue Maestros de la felicidad, de Rafael Narbona. Conocía al autor por sus hilos en Twitter, siempre interesantes (y que ahora ya no me llegan; no deben de ser suficientemente extremistas); cuando le vi en la Feria del Libro me quedé para que me lo firmara, aunque había una cierta cola (no muy larga, no es un youtuber) y se acercaba la hora de comer, con el riesgo de que se fuera antes de que llegara mi turno.

Conseguí llegar a tiempo y que me lo firmara.

Es un libro largo y denso y es de no ficción. Quienes leen estas reseñas (si es que hay algún lector) ya saben que este tipo de libros los voy intercalando entre mis lecturas de ficción. En este caso lo había comenzado  durante el verano, así que estuve con él unos tres meses.

Maestros de la felicidad, de Rafael Narbona. (FOTO de la portada: E.Madinaveitia)

Se trata de un interesante paseo por la historia de la filosofía, sin entrar en grandes profundidades, trufado de anécdotas personales vividas por el autor. Narbona fue profesor de instituto en varios centros de Madrid y su entorno, recientemente jubilado.

Las anécdotas con sus alumnos que van salpicando el texto lo hacen más ligero y agradable de leer.

Los capítulos van profundizando en alguna característica, o idea central, del filósofo al que se dedica. Una visión a lo largo de toda la historia de la filosofía occidental, desde los más antiguos griegos a los filósofos más recientes, esos a los que casi nunca se llegaba cuando estudiábamos.

Es un libro interesante, para leer en pequeñas dosis e irlo asimilando; al menos para los legos en filosofía como yo. Supongo que para alguien que conozca a fondo la materia puede ser algo superficial.

Para mi nivel de conocimiento es muy adecuado.

 

 

 

 

 

 

 

Un cuento breve y aparentemente ingenuo, que se lee muy fácil, pero tiene múltiples interpretaciones. Me ha gustado mucho

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