Con motivo de la presentación de mi libro Y al final…el miedo, Maite Sáez, redactora jefe de la revista Anuncios, me hizo una entrevista. La reproduzco aquí porque me parece interesante.
Y al final… el miedo es el título del primer libro de relatos en solitario escrito por Eduardo Madinaveitia, profesional de extensa y fructífera trayectoria en el mundo de la investigación, desarrollada en RTVE, y posteriormente, en lo que hoy es Publicis Connection Media, en el que trabajó en empresas como Central Media, y luego Zenith, hasta su jubilación.
La obra, editada por Ópera Prima, reúne una veintena de relatos que se mueven entre la ficción y la experiencia
personal, y que abordan temáticas como la guerra, el trabajo, la familia, la enfermedad o el paso del tiempo.
El libro se presentó el pasado 13 de marzo, en la sala Como, de Madrid. Durante el evento, JaimeLópez-Francos, CEO de Dentsu en España, recordó la época en la que ambos, autor y anfitrión trabajaron juntos, recordando que, si en aquel momento, José María Casero era el líder indiscutible de la organización, Madinaveitia era el líder silencioso. En esta presentación, en la que el autor estuvo rodeado de un nutrido grupo de antiguos compañeros de la profesión, familiares y nuevos colegas llegados del taller de escritura al que está inscrito, fue conducido por Gonzalo Iruzubieta y por su hija, Usúe Madinaveitia.

Anuncios.— Una constante en todos los relatos incluidos en el libro es que tienen un final abierto. ¿Por qué? ¿Es algo decidido de antemano?
Eduardo Madinaveitia.— No es algo decidido de antemano. Ni siquiera creo que todos los relatos tengan final abierto. En mi cabeza cada relato pide un final y sí, en muchos casos me gusta dejar que el lector imagine posibles finales, que podrían ser diferentes de los míos.
A.— ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de pura observación?
E. M.— Algunos de los relatos son totalmente autobiográficos, casi a modo de memorias, y están recogidos como tales en uno de los apartados de la obra. Otros parten de una anécdota vivida y derivan en diferentes direcciones por las que les llevó mi imaginación. Y otros son totalmente ficción, a partir de una idea, que puede venir de la observación de la realidad, de una frase escuchada o leída o de cualquier otro anclaje.
A.— ¿Alguna de las historias pueden interpretarse como un exorcismo? ¿Lo ha conseguido?
E. M.— ¿Sí? ¿Cuáles? No soy consciente de haber buscado ese efecto. Igual es que sí lo conseguí.
A.— ¿De qué manera su profesión ha influido en este libro en cuanto a aplicar técnicas de observación, análisis y deducción?
E. M.— Creo que mi manera de ser, y la de la mayor parte de las personas que nos dedicamos a la investigación, parte de la curiosidad y la observación. Luego lo que se ha observado hay que analizarlo y contarlo de la manera más atractiva posible. Eso me llevó a escribir mucho (y a dar muchas más charlas y conferencias de las que mi yo, tímido y reservado, habría imaginado nunca). Así que sí, aunque sea inconscientemente, seguro que mi profesión ha influido.
A.— ¿Hay algún relato con el que se sienta especialmente identificado o que suponga algo muy especial?
E. M.— Sí. Hay varios. En especial los autobiográficos. Incluí Te lo tenía que contar, un artículo que recuperé de los tiempos de Casi enteros, como se llamaba mi blog cuando se alojaba en 20 Minutos, porque, aunque no era propiamente un relato, sí reflejaba un momento muy especial. En una misma semana coincidieron la muerte de mi madre y la boda de Usúe, mi hija, dos de las personas más importantes de mi vida. Ahí pude comprobar que lo de que hay un tiempo para la alegría y otro para el dolor no es cierto, por mucho que lo diga la Biblia. En muchas
ocasiones se mezcla todo.

A.— ¿Qué aporta y qué reto añade la labor de escritor a un lector casi compulsivo?
E. M.— Creo que es un bonito complemento. Cuando lees mucho siempre tienes la sensación de que escribir es algo
así como la continuación natural. En realidad, yo siempre he escrito; lo que lo ha cambiado ahora todo es el hecho de publicar.
A.— Aunque nunca has dejado de estar al día del sector, la presentación de su libro ha sido una ‘vuelta al escenario’, para alguien muy acostumbrado a preparar y presentar proyectos. ¿Cómo vivió ese día?
E. M.— Fue un día muy especial. Lo viví con gran emoción. Primero con las dudas de qué (y sobre todo cuantas) personas podrían venir. Luego, ya con la sala llena de amigos de todas las épocas de mi vida, pese a la dificultad añadida de que fuera un viernes por la mañana, un cúmulo de emociones: alegría, cariño, sensación de no poder contener las lágrimas, agradecimiento a la vida y a los que me acompañabais…
Y en ese momento, sobre todo, un gran agradecimiento a Jaime López-Francos, compañero y amigo desde hace muchos años, que no sólo proporcionó un espacio magnífico para el acto, sino que se volcó en todo momento poniendo a gran parte de su equipo a mi disposición. Sus palabras de introducción, recordando los viejos tiempos de Central Media en Conde de Peñalver, donde nos conocimos en los años noventa, me pusieron desde el principio en el tono emocional que se mantuvo a lo largo de todo el acto.
(*) El libro se está vendiendo bien y, de momento, tiene buenas críticas. Si aún no lo tienes y te interesa leerlo, ponme un mensaje privado. Por la semana del Libro, si me lo pides antes del 30 de abril te lo enviaré a su precio, 18 euros, sin cargar gastos de envío.