Hoy vengo otra vez a hablar de mi libro.
Es lo que tiene vivir un hecho tan fascinante: las emociones se acumulan y es imposible retenerlas dentro.
Ya han pasado unos días desde el viernes 13 de marzo, el día en el que presenté mi libro de relatos Y al final…el miedo.
Ya la llegada a un lugar tan motivador como el espacio COMO supone un primer chute de energía. Contemplar cómo iban llegando tantas personas, de casi todas las etapas de mi vida, me puso al borde del llanto por la emoción.

Estaba allí una buena parte de mi familia: mi mujer, mi hija y mi yerno, mis hermanas que habían venido desde Vitoria, algunos de mis cuñados y sobrinos (y hasta un sobrino nieto de menos de un año, que aguantó como un campeón durante el tiempo, casi una hora, que duró la presentación), dos primos a los que hacía tiempo que no veía, aunque todos vivimos en Madrid…pero también varios compañeros del colegio mayor Aquinas, con los que coincidí hace más de cincuenta años y con los que mantengo una buena amistad; compañeros de mis tiempos de RTVE, hace cuarenta años, de las diversas etapas de Central Media/Zenith, amigos de los medios de comunicación del sector, colegas investigadores y amigos de otras empresas con las que en algún momento habré competido, también clientes que ahora son amigos, panelistas de Vigía, compañeras del grupo de lectores, compañeras del grupo de escritura de Usúe, SPAescribir y seguro que también me dejo a alguna persona que no pertenece a ninguno de esos grupos. En total me acompañaron más de sesenta personas.

Mi buen amigo Jaime López-Francos, el CEO de Dentsu, que era el anfitrión, abrió el acto con unas cariñosas palabras, recordando aquellos tiempos de la Central Media de Conde de Peñalver, donde nos conocimos todos a la sombra del gran líder que era José María Casero. Jaime se refirió a mí como «el líder silencioso» y recordó cómo aquel estudio Casiopea que pusimos en marcha, no sólo nos puso en cabeza en la previsión de audiencias, sino que ayudó a hacer equipo. Éramos una piña, trabajábamos muchísimo y lo pasábamos bien. Eran otros tiempos. Creo que aquello ya no sería posible ahora.
Antonio Pastor Bustamante, el editor de Opera Prima, que ha hecho de Y al final…el miedo un libro bello y muy apetecible, destacó la importancia de la creatividad y el papel de las pequeñas editoriales como sus potenciadoras. También habló de los muchos años de relación que llevamos manteniendo él y yo desde un primer encuentro a finales de milenio.

Y pasamos al plato fuerte de la presentación: la conversación que mantuve con mi amigo Gonzalo Iruzubieta, primer lector. Gonzalo también comenzó narrando el momento en que nos conocimos, cuando realizamos juntos un complicado estudio sobre inversiones en comunicación digital para la IAB allá por el año 2009.
Luego estructuró la entrevista en cuatro bloques: 1: el porqué un matemático lector escribe un libro de ficción y la relación entre las matemáticas y la literatura; 2: el miedo, los miedos, y la incertidumbre; 3: la identidad y los aspectos autobiográficos de la segunda parte del libro; 4: la vida profesional y el momento que vive el negocio publicitario, para terminar con la pregunta ¿vendrá después una novela?
Al inicio de cada uno de los bloques mi hija Usúe leía un fragmento (en ningún caso principio no final de relato) de uno de los relatos relacionados con el tema.
Me sentí muy a gusto contestando a las preguntas de Gonzalo; me emocioné en algunos momentos, en otros reí con ganas y en todos reflexioné y expresé mis opiniones sobre los temas planteados.
Me resultó curioso que ese día, en el que hablé tanto, se destacaran tanto mis silencios. Después del elogio inicial de Jaime, Gonzalo habló de la importancia de «los silencios de Eduardo«. Es verdad que puedo parecer un hombre de pocas palabras, pero creo que, cuando estoy convencido de algo, no me lo callo, aunque sepa que mi opinión puede no ser la más popular.
La sesión culminó con la firma de un buen número de ejemplares por parte del autor.