En el año 2025 que ahora dejamos atrás han ocurrido muchas cosas importantes, algunas de ellas de especial trascendencia en el mercado publicitario y de medios, pero nadie podrá negar que el principal protagonista ha sido Donald Trump, en este primer año de su segunda presidencia de Estados Unidos.
Más de la mitad de las notas que he ido tomando a lo largo del año cuando pensaba en redactar este artículo, tienen a Trump como protagonista. Es lo que tiene que un niño, con sus caprichos y sus pataletas infantiles, esté al frente del país, todavía, más poderoso del mundo. Aunque sea un niño de 79 años.
Prometió que conseguiría la paz entre Rusia y Ucrania o entre Israel y Palestina en 24 horas. El truco era plegarse a todos los deseos de Putin en el primer caso y a los de Netanyahu en el segundo.
Cuando vio que no era tan fácil, que en cada caso había otra parte que no iba a aceptar su derrota sin rechistar, organizó un espectáculo para la firma de un tratado de paz entre Israel y Palestina, al que, curiosamente, no acudieron ni Israel ni Palestina. Todo eso en el mes de septiembre, para así llegar a tiempo de enternecer a los miembros noruegos del comité Nobel y conseguir que le dieran el Premio de la Paz. Era todo un poco precipitado; no hubo tiempo ni manera de comprobar que la paz, esa paz, era real. Luego ya se vio que no lo era. Y los noruegos le dieron el premio a la venezolana María Corina Machado. (**) Aunque no era precisamente una socialista o cualquiera de sus otras bestias negras, a Trump no le sentó muy bien. Y se le notó mucho en su reacción. Aún se ha notado más tras los acontecimientos de la primera semana de enero.

Pero no pasa nada; para eso están los amigos. ¿Alguien había oído hablar del Premio de la Paz de la FIFA? ¡Claro que no! No existía. Pero Infantino, el presidente de la federación internacional de fútbol, lo inventó para dárselo. Siempre es bueno llevarse bien con el líder mundial; más aún si vas a celebrar el próximo campeonato en su país.
Y el niño grande ya está contento.
Capítulo aparte merecen las relaciones con otro niño, grande, pero no tanto, el niño empresario. Elon Musk tuvo un claro protagonismo en la toma de posesión de Trump; seguramente también en la financiación de su campaña. La estrecha relación que mantenían los dos niños se mantuvo durante unos meses, se rompió abruptamente poco después y, parece, vuelve a ser buena al finalizar el primer año en la presidencia. Eso explica algunas de las decisiones de Trump en el campo de las grandes plataformas tecnológicas y de comunicación.
(*) Como suelo hacer cada año, inicio aquí la publicación por piezas del artículo anual que escribo para el número de enero de la revista IPMark. Lo escribí entre el 10 y el 20 de diciembre de 2025. Al ritmo que ha ido la actualidad desde entonces, tuve que rectificar algunas cosas antes de su publicación. Es muy probable que otras haya que cambiarlas también en los próximos días. Lo que no cambia es el protagonista, al que había dedicado el título del artículo.
(**) La realidad supera a cualquier ficción. Hemos visto como una humillada María Corina se humillaba aún más para entregar la medalla del Premio Nobel al líder del mundo, que no contaba con ella.