Se jubila Daniel Campo.
Daniel es uno de los fundadores de la revista El Publicista; ha sido su director durante los últimos 25 años, o sea todo lo que va de siglo, es decir desde la fundación de la revista.
Pero sobre todo, Daniel es mi amigo. Pero eso tampoco es muy particular, porque Daniel tiene multitud de amigos, casi todos los que durante estos años hemos pasado por el sector.
Porque Daniel es una bellísima persona.
Sacar adelante una revista en papel para un sector tan saturado como el de la publicidad, tiene mucho mérito. Haberlo hecho en estos años, aún mucho más.
A los pocos meses de nacer la revista llegó la crisis (entonces pensábamos que aquello era una crisis) de las puntocom, que afectó al mercado publicitario. Pero eso no fue nada comparado con la crisis económica de 2007, una crisis de la que aún, casi veinte años después, no nos hemos recuperado del todo. Y justo ahora hace cinco años, cuando la revista cumplía veinte, vino el COVID 19, que lo destrozó todo.
Ahí seguía siempre El Publicista, sin renunciar en ningún momento a la periodicidad quincenal que eligieron desde el principio.

Conocí a Daniel Campo, y a su alter ego, Nacho Hernández, a mediados de los años ochenta. Yo trabajaba en RTVE y ellos en la revista Campaña, en la que Daniel había empezado a trabajar muy joven y de la que en ese momento era redactor jefe.
Yo había escrito ya algunos artículos. Para la revista Mensaje y Medios, que entonces editaba la propia RTVE y para Telos, que publicaba Fundesco, antecedente de la actual Fundación Telefónica.
Por alguna razón que no recuerdo, Daniel se puso en contacto conmigo para pedirme un artículo. Tampoco recuerdo el tema de aquel artículo. Yo no conocía las costumbres del sector; había cobrado por los artículos que había publicado antes y, con la ingenuidad de mi juventud, le pregunté cuánto pagaban. Seguramente tuvo que controlar la carcajada antes de contarme que eso no era lo que se hacía en las revistas de publicidad.
Como siempre me ha gustado escribir, lo hice a pesar de todo. Pocos días después Daniel y Nacho me invitaron a comer en un asador de la zona de Retiro. Ahí nació una amistad que dura ya treinta años y que espero se mantenga muchos más.
A partir de ese momento escribí algunas veces más en Campaña; la amistad se fue consolidando y cuando esa revista cerró y, con otros dos socios, se decidieron a lanzar El Publicista ya contaban con frecuencia con mis artículos. Para esa época ya hacía unos cuantos años que yo había traspasado la frontera y era un publicitario más. Incluso recuerdo una vez en la que la persona que iba a cubrir para El Publicista el AEDEMO de Televisión tuvo algún problema y Daniel me pidió que hiciera yo ese papel. Lo hice encantado.
Unos años después me hizo una petición similar, pero yo esa vez presentaba una ponencia complicada (creo que fue la primera vez que se habló de redes neuronales en un AEDEMO) y cuando le dije que no podía sugirió que lo hiciera mi hija Usúe, que entonces estaba terminando periodismo.
Ese también fue el inicio de una relación que dio fruto unos años después, cuando Usúe ya periodista de carrera y con dos o tres años de experiencia en medios, entró como redactora en El Publicista. Ella dice que Daniel ha sido su mejor jefe y siguen manteniendo una buena relación más de quince años después.
Llegó un momento en que quise publicar un artículo que podía ser algo conflictivo y le pedí firmarlo con pseudónimo: esa fue la primera vez en que me autodenominé como El Vigía. Repetí algunas veces más.
Años después, cuando empecé mis estudios de previsión de inversiones y les llamé Zenith Vigía, recuerdo que Daniel me llamó para tratar de evitarlo. Yo mismo destruía mis posibilidades de encubrir algo mi personalidad. Tenía razón; creo que ya no volví a emplear mi pseudónimo para firmar mis artículos conflictivos. Quizá también dejé de escribirlos.
Pero no le hice caso. No sé si acerté. El caso es que desde comienzos del año 2018 mi blog también se llama El Vigía.
Espero que Daniel no se desvincule del todo de la profesión que ha ennoblecido con su revista. Espero también que El Publicista, ahora dirigida por su amigo y paisano Dani Moreno, siga siendo una revista de éxito.
Pero sobre todo espero que, haga lo que haga Daniel, mantengamos nuestra amistad.
La profesión pierde una persona buena y generosa; la familia de Daniel disfrutará más tiempo de su bondad.