Siempre me gustó Roald Dahl. Me fascinaron los relatos contenidos en el libro Relatos de lo inesperado , muchos de ellos inspiración de algunos de los episodios de la serie de misterio «Alfred Hitchcock presenta», que pudimos ver de jóvenes en TVE.
Cuando mi hija era pequeña, durante un tiempo compartimos lecturas. Íbamos alternándonos; cada uno leía en voz alta unas pocas páginas. Entre los libros que leímos así estaban Matilda y Charlie y la fábrica de chocolate. Nunca pensamos que acabarían siendo dos musicales.
Los textos de Roald Dahl pasaron a formar parte de la familia. Mi hija me trajo un cuadro de Matilda de uno de sus viajes a Londres. Ahora mismo, cuando escribo, lo tengo a mi espalda. Hace un par de años fuimos a ver el musical del mismo título, con Elsa, mi sobrina, que quiere ser cantante de musicales, se ha formado para ello y seguro que lo va a conseguir. En otra ocasión Elsa me invitó a ver Charlie, el musical, pero, no recuerdo por qué razón, no le pude acompañar.
Además, siempre me ha gustado el chocolate.
Cuando hace unas semanas estaba celebrando mi cumpleaños, mi nieto Unax de dio una tableta de chocolate. Era de la marca Kaitxo, de la variedad Tanzania, que no conocía, pero me gusta probarlo todo, así que me pareció un buen regalo.
-Pero, ¡ábrelo!, me dijo.

Dentro había una tarjeta dorada que en su reverso llevaba una nota:
Eduardo, has tenido la fortuna de descubrir este billete dorado. Te esperan cosas espléndidas, sorpresas maravillosas. De momento resérvate el finde del 31 de enero al 2 de febrero. Estás invitado a visitar la fábrica de chocolate Kaitxo, en Balmaseda, Vizcaya. El primer día del mes de febrero. Ese día y ningún otro deberás presentarte en la fábrica a las 11:00. ¡No llegues tarde!
Ese fin de semana estuvimos, toda la familia (mi mujer, mi hija, su marido, mi nieto, mis hermanas, mi cuñado y mis sobrinos, que vinieron de Vitoria) dispuestos a sorprendernos con la visita a la fábrica de chocolate. Nos reunimos en una casa rural, en Artziniega (Álava) no muy lejos de Balmaseda. La casa está en mitad del monte, lejos de cualquier fuente de luz y la noche estaba despejada. Se veían millones de estrellas; la noche más perfecta que he visto en mi larga vida. Una suerte, porque el día siguiente estaba lloviendo.
Kaitxo es una empresa familiar especializada en café y chocolate. Kaixo en un saludo en euskera, equivalente al ¡Hola! del castellano, pero, nos explicó Jon al empezar la visita, el nombre viene de un juego de palabras (Ka, de Kafé i Txo, de Txocolate).
La fábrica es pequeña y algo escondida. Cuando llegamos, guiados por Google Maps, a la ubicación indicada, tras subir una cuesta empinada al borde de la carretera lo que vimos fue una fábrica de muebles. Nos volvimos hacia el pueblo y preguntamos a la primera persona que vimos. No nos habíamos equivocado: la fábrica de chocolate también estaba allí.
Es una fábrica puramente artesanal, instalada en unas pocas habitaciones.
Jon que nos acompañó en la visita, es uno de los cuatro hermanos que forman parte de la familia fundadora; empezaron en el año 2017. Mikel, otro de los hermanos, es un gran conocedor del café; Raquel lo sabe todo sobre el chocolate. De hecho es la primera española especializada en cata de chocolates y han conseguido llevar a su pueblo, Balmaseda, las Jornadas Internacionales sobre Chocolate.
Comenzamos la visita probando el chocolate a la taza, hecho a la francesa, con agua, diferente a lo que estamos acostumbrados. Lo de «las cosas claras y el chocolate espeso» no es para puristas.

El siguiente paso fue una explicación muy interesante sobre el café, su origen, sus procedencias, cómo tostarlo y las maneras de hacerlo. Aquí probamos una taza excelente de café.
Y ya pasamos al chocolate. Probamos hasta quince variedades (Kaitxo fabrica aún muchas más) de distintas concentraciones de cacao, procedencias o combinaciones. Lo conocimos todo sobre variedades, tuestes y características.
Por supuesto, al final compramos unas cuantas tabletas variadas. Están estupendas.
La visita a la fábrica de chocolate fue una experiencia maravillosa, un gran regalo.
¡Gracias, familia!
Que maravillosa experiencia. Gracias por compartirla… me la apunto … y ZORIONAK Eduardo.
Gracias por tu comentario, Pablo.
Ya tienes una buena disculpa para volver a nuestra tierra.