En abril terminé seis libros. Como casi siempre me sucede, algunos, los que no son estrictamente de ficción los había empezado en meses anteriores; en algún caso, varios meses antes.
Ya había leído un par de libros del colombiano Juan Gabriel Vásquez (Las reputaciones y Volver la vista atrás; esta última, especialmente, me gustó mucho). En esta ocasión leí su último libro publicado: Los nombres de Feliza; como el anterior, apoyado en una vida real.

Feliza Bursztyn era una escultora colombiana, amiga de García Márquez. Murió de repente en un restaurante de París cuando cenaban varias parejas, incluida la formada por Gabo y su mujer. El Premio Nobel colombiano escribió a los pocos días «murió de tristeza«. A partir de esa frase, el autor investiga sobre la vida de Feliza y la sociedad de la época en la que le tocó vivir. Una vida que se desarrolló en lugares muy diferentes (Colombia, Cuba, París, Estados Unidos,…).
Una buena novela, interesante y bien escrita aunque, en mi opinión, no llega a la altura de Volver la vista atrás.
Eran, más o menos, las fechas de Semana Santa. En contra de la costumbre, por circunstancias familiares, me quedé en Madrid.
Había leído ya varias novelas de la siempre interesante Belén Gopegui (que en esta ocasión añade su segundo apellido, Durán, en la portada del libro).

Te siguen es una distopía muy interesante y actual sobre la sociedad de la ultravigilancia, con la IA y el análisis exhaustivo de datos. Nadie puede escapar a esa vigilancia, aunque lo intente. No son solo las grandes corporaciones, también los estados, aunque en este libro no hable de eso.
La estructura es compleja, con pequeños fragmentos referidos a cada personaje (que a veces juegan un doble papel) pero es muy interesante e invita a reflexionar sobre la sociedad hacia la que vamos y que, en muchos sentidos ya está aquí.
De vez en cuando intercalo entre mis lecturas de ficción algunas de filosofía o de otros temas, que voy leyendo poco a poco.

En esta ocasión el elegido fue Meditaciones, de Marco Aurelio, uno de los emperadores romanos a los que la historia considera «buenos«. Es un libro para leer poco a poco y pensar cada frase, en especial si sigue teniendo sentido dos mil años después, o cual puede ser el sentido que tiene ahora.
Un resumen del pensamiento de este emperador romano, estoico, que hace hincapié en que la vida es breve, hay que hacer las cosas bien y no podemos hacernos ilusiones de que dejaremos huella por aquí (algo que esta experiencia contradice: dos milenos después se editan sus libros y se discuten y adoptan sus ideas).
Una experiencia muy interesante, aunque me quedé con la impresión de que el editor ha tenido buen cuidado de elegir los textos que se han mantenido mejor en el tiempo y los ha adaptado un poco a los gustos actuales.
No sé si decir que mi siguiente lectura, de Nora Ephorn, fue un libro que en realidad son dos o, al revés: dos libros encuadernados como uno solo.

No me gusta mi cuello y No me acuerdo de nada, se publicaron como libros independientes, separados por algunos años. Asteroide, el editor español, tomó la decisión de publicarlos juntos y modificar ligeramente los títulos para hacerlos uno solo: Ni me gusta mi cuello ni me acuerdo de nada.
No conocía a la autora, ni siquiera como guionista de varias películas famosas de Hollywood (Tienes un e.mail, Cuando Harry encontró a Sally,…).
El libro, los libros, suponen una recopilación de artículos, relatos breves e incluso alguna lista, francamente divertidos. Se leen muy fácil y rápido, con la sonrisa siempre en la boca.
En algún sitio leí que, si eres mujer aún se disfruta más; no sé si es posible. Yo lo recomiendo tanto para hombres como para mujeres.
Por si fuera poco tiene unas ilustraciones la mar de divertidas.
Si hay alguien que me lee por aquí, ya sabe que, además de leer, me gusta mucho escribir. Este blog me ha servido durante, ya, más de 17 años para matar el gusanillo. Pero aunque ya sé, siguiendo a Marco Aurelio, que aspirar a dejar huella es una estupidez, llevo tiempo intentando escribir algo de ficción.
Cuando Usúe, mi hija, inició unos grupos de escritura para mujeres, me quejé por la discriminación, protesté, con poco éxito al principio, pero cuando ya hubo algún otro hombre que también quería participar, me aceptó para su segundo grupo. Me está viniendo muy bien y creo que este mismo verano tendré terminado el manuscrito de mi primer libro de relatos.

Cada grupo, cada trimestre más o menos, nos apoyamos en un libro. En esta ocasión se trató de Aprende a escribir, de Álvaro Colomer, que además nos acompañó en una de las veladas inspiradoras que también organiza Usúe.
Álvaro Colomer publica en La Vanguardia y en Zenda, la revista literaria digital. A partir de las entrevistas que ha realizado a numerosos escritores seleccionó algo más de cincuenta para poner en claro qué métodos utiliza cada uno; si tiene manías o es desordenado,… La conclusión principal que saqué yo es que lo importante para escribir es precisamente eso: escribir. Y si se hace todos los días, mucho mejor.
Un libro muy interesante para quien tenga la intención de escribir, pero también para cualquier aficionado a la literatura que quiera conocer cómo ejercen su oficio los escritores que admira y otros que aún no conocía.
Me gustó mucho leerlo y también conocer y escuchar al autor.
Tanto los grupos de escritura que organiza Usúe como las veladas inspiradoras son siempre muy interesantes.