TRAS LAS HUELLAS DE ÁLAVA EN LAS CALLES DE MADRID (II). Un paseo por el centro

En esta ocasión mi paseo me llevó al centro de la capital, en la zona del Palacio Real.

Empezamos este recorrido en la Plaza de Isabel II, desde la que podemos contemplar la estatua de la Reina que le da nombre y la fachada trasera del Teatro Real, un edificio que, como muchas personas, guarda su mayor belleza en el interior. (FOTO 1)

El teatro se construyó en la primera mitad del siglo XIX, entre 1818 y 1850, con proyecto del arquitecto López Aguado, sucedido a su muerte por Custodio Moreno. Todos los avatares que se vivieron a lo largo de su construcción dieron lugar a un edificio poco conseguido. Su interior ha experimentado varias remodelaciones hasta convertirlo en el Teatro de Ópera moderno que es hoy, dicen que uno de los mejores del mundo.

La estatua de Isabel II, realizada por José Piquer, se inauguró en 1850, más o menos a mitad de su reinado.

Si, mirando hacia el Teatro Real, nos dirigimos hacia la derecha, enseguida encontramos la calle Arrieta. (FOTO 2).

Arrieta era el apellido de mi abuela materna. En realidad el nombre de la calle se debe al compositor navarro Emilio Arrieta, que falleció en el número 8 de esta calle, cuando aún se llamaba calle de la Biblioteca. En España hay varios pueblos llamados Arrieta; incluso tengo una foto en la isla de Lanzarote ante un cartel que indica una localidad llamada así. Pero a mí me recuerda el pueblo de nuestra Llanada que podría ser el origen del apellido del músico.

En la calle Arrieta encontramos un edificio singular, actualmente en obras: la Real Academia de Medicina. En ese mismo lugar se ubicaba la Biblioteca Nacional hasta mediados del siglo XIX, que daba nombre a la calle. (FOTOS 3 y 4).

 

Arrieta es una calle corta, que termina en la Plaza de la Encarnación. Mirando al frente al terminar la calle podemos ver el Convento de la Encarnación. (FOTO 5),

 

que bien merece una visita. Se trata de un convento construido a principios del siglo XVII, en tiempos de Felipe III; el arquitecto fue fray Alberto de la Madre de Dios, uno de los mayores arquitectos del primer barroco español.

Girando a la izquierda frente al convento, hasta situarnos casi en paralelo a la calle Arrieta, nos encontraremos con la Plaza de Oriente, con el majestuoso Palacio de Oriente ocupando la mayor parte del horizonte hacia la cornisa Oeste de Madrid.

La Plaza de Oriente es el feudo de uno de los alaveses que ha triunfado más en España: el Cura Lezama. Luis de Lezama, nacido en Amurrio, periodista además de sacerdote, es uno de los precursores de la cadena COPE, la radio de la Iglesia, a principios de los años setenta. Pero como ha sido siempre más conocido es por su faceta como hostelero, con un grupo compuesto por más de veinte restaurantes situados en varias ciudades de España y Estados Unidos.

Este imperio hostelero nace como parte de su obra social: a principios de los años setenta funda La Taberna del Alabardero, para dar formación y trabajo a un grupo de jóvenes marginados con los que trabajaba en un albergue del barrio de Vallecas.

La Taberna del Alabardero (FOTO 6) no está propiamente en la

Plaza de Oriente (curiosamente una de las plazas más occidentales del centro de Madrid) sino en la calle de Felipe V, frente a una de las fachadas laterales del Teatro Real.

Los que sí están en plena plaza, ocupando casi toda la fachada opuesta al Palacio Real (justo al lado del Teatro) son los otros restaurantes del grupo: el Café de Oriente (FOTO 7) y la Botillería del Café de Oriente (FOTO 8).

 

Son lugares en los que no es raro encontrarse con rostros conocidos de la sociedad madrileña. En el Café hay un rincón dedicado al dibujante Antonio Mingote, que tuvo allí su tertulia durante varios años.

En la plaza encontramos otro elemento que, al menos a mí, nos recuerda a Vitoria: a lo largo de dos paseos situados a ambos lados, perpendiculares al Palacio, encontramos un buen número de estatuas de reyes de los diferentes reinos que acabaron formando España: Asturias, Navarra, León, Castilla, Aragón y algunos reyes visigodos de antes de la invasión musulmana.

En el Parque de la Florida, donde tanto jugué a la salida del Instituto, existen cuatro estatuas de esa misma colección. Son las correspondientes a Ataúlfo, Sigerico, Teudis y Liuva I.

Intenté buscar a Sancho el Sabio o algún otro rey que tuviera relación con Vitoria, sin éxito. Hasta que encontré que Ataúlfo no sólo está en la Florida, también en la Plaza de Oriente (FOTO 9).

 

Se cuenta que, cuando en el siglo XVIII se construyó el Palacio de Oriente, tras el incendio del Alcázar, se quiso adornar sus fachadas con estatuas de todos los reyes que hubiera habido en la zona cristiana de España a lo largo de toda la historia. Pero alguien se equivocó en los cálculos: la estructura del palacio no resistiría el centenar de estatuas de piedra de más de dos metros de altura que se habían construido. Así que se decidió distribuir las esculturas sobrantes por diversos lugares, entre ellos Vitoria. En la Plaza de Oriente hay veinte. Y no sé si hay muchas personas que sepan que Ataúlfo está en dos lugares a la vez: en el Parque de la Florida de Vitoria y en la Plaza de Oriente de Madrid. (**)

Abandonamos la Plaza de Oriente y nos dirigimos hacia el Sur, dejando a la derecha la Catedral de la Almudena. La explanada que se sitúa entre el palacio y la catedral merece una visita a la hora de la puesta de sol.

Ahora giramos hacia el Este. Tomamos la calle Mayor en dirección a la Puerta del Sol, iremos dejando a los lados edificios muy interesantes como la sede del Consejo de Estado, el Instituto Italiano de Cultura o la Plaza de la Villa, con el antiguo Ayuntamiento.

En la acera de la izquierda, ya muy cerca de la Puerta del Sol, podemos tomarnos un aperitivo en una de las pastelerías más bonitas de Madrid, El Riojano, (FOTO 10)

que bien podría proceder de la Rioja Alavesa.

Justo detrás de la Puerta del Sol, en la calle de La Paz, encontramos el Teatro Albéniz, (FOTO 11)

dedicado al compositor de ascendencia vitoriana Isaac Albéniz. Vuelve a ser teatro, uno de los muchos que ofrecen musicales, ahora compartiendo espacio con un hotel, después de diversos avatares, entre ellos ser uno de los cines en los que se proyectaban películas con las tecnologías más modernas de cada momento.

Desde ahí nos dirigiremos, ya como fin del paseo, hacia la calle de las Huertas. Pasaremos por las plazas del Ángel y de Santa Ana, seguro que muy transitadas; seguimos en una de las zonas más turísticas de Madrid. En el número 13 de la citada calle, en una casa con una bella puerta modernista, (FOTO 13)encontramos una placa de mármol (FOTO 12) que nos recuerda que en ella vivió y murió Ricardo Becerro de Bengoa, escritor, catedrático, académico, diputado a cortes por Álava y senador del Reino.

Siempre recuerdo que en la calle de su nombre estaba el instituto donde yo estudié, en el edificio que actualmente ocupa el Parlamento Vasco. Por cierto, mi otra abuela, la paterna, se apellidaba Bengoa.

 

Becerro de Bengoa escribió varios libros sobre Álava (El libro de Álava, Descripciones de Álava,…); además fue, como mi padre, Ramón Madinaveitia Bengoa, catedrático de Química, en su caso en el Instituto de San Isidro.

(1) Al pasar por el Teatro de la Zarzuela he visto que justo en estos días están representando Marina, de Emilio Arrieta.
(*) Mi amigo Josemari Vélez de Mendizábal es presidente de la institución vitoriana Celedones de Oro, a la que pertenezco. En uno de sus viajes a Madrid me propuso buscar durante “mis paseos por Madrid” la huella de Álava en sus calles. Este es el resultado de mi segundo intento, que se publicó a principios de esta semana en el blog de la institución. Lo puedes ver aquí.
(**): En un comentario a la publicación en Celedones de Oro, Juan Carlos Abascal Ruiz de Aguirre aclara que la estatua de Ataúlfo situada en Madrid está mal catalogada y no se conoce con certeza a quién estaba dedicada.
Todas las fotografías han sido realizadas por el autor del artículo.

2 comentarios en «TRAS LAS HUELLAS DE ÁLAVA EN LAS CALLES DE MADRID (II). Un paseo por el centro»

  1. Muy interesante el artículo. Me ha gustado mucho. Mi admiración por la forma en que describes el paseo con tanto detalle, muy curiosa la gran relación con Álava, muy bonitas las fotos…Me imagino este paseo por Madrid y a la belleza de la ciudad sumaría el conocimiento de todo lo que has descrito. ¡Gracias!

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  2. Muchas gracias María Ángeles. Como he contado en uno de estos artículos, todo esto salió de la conversación con mi amigo Josemari.
    Estoy seguro de que, con un poco de intención (y de manga ancha), se puede encontrar la huella de cualquier sitio, o de cualquier profesión, o de cualquier…Madrid es grande y variado. Y pasear con los ojos abiertos da mucho de sí.

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