Han pasado algo más de dos años desde que Elon Musk decidió invertir 44.000 millones de dólares en lo que parecía un capricho de niño rico: comprarse Twitter.
Ahora, transcurridos 32 meses desde aquel abril de 2022, Twitter ya no existe, se llama X, y ha perdido el 80% de su valor en bolsa. A cambio el dueño de la nueva red va a compensar a los inversores que le ayudaron en aquella operación que entonces pareció financiera, con acciones de su startup xAI, que se supone que en unos pocos meses competirá con los líderes del campo de la Inteligencia Artificial.
Pero ¿la compra de Twitter era realmente una operación financiera?
Twitter era una red en la que se podía encontrar información interesante, en muchos casos, siguiendo la idea inicial, contados con muy pocos caracteres. En ella se podían leer textos escritos por personas próximas o con la que se tenía una relación, profesional o de intereses, aunque no fueran personas muy conocidas. Uno podía publicar sus ideas o sus escritos y recibía las reacciones de las personas que lo habían leído; a veces unos pocos cientos, otras unos cuantos miles. En el campo informativo había comenzado a polarizarse y se tendía a primar a las opiniones extremas. Pero, si uno no quería, toda esa polarización se podía evitar y centrarse en los contenidos que en verdad le interesaran.
Con la llegada de Musk y su transformación en X todo cambió.

Ahora lo que se puede ver en Twitter son textos largos, hilos aún más largos y textos, generalmente políticos, en los que solo destacan las opiniones más extremas, de un lado o de otro. En España lo vivimos cada día con el enfrentamiento político en los juzgados y, más recientemente, con el análisis de la gestión y las consecuencias de la DANA.
Faltan, o a mí no me llegan, los análisis ponderados y que no sean claramente de parte. En la red X se potencia decididamente la polarización.
Faltan las opiniones de los amigos y los comentarios cuando se publica algo que no tiene que ver con la política. Sospecho que muy pocos son los que llegan a verlo.
Y la polarización favorece el predominio de las posiciones más extremas. Se podría pensar que es casual que en Estados Unidos alguien como Trump haya ganado las elecciones, se podría pensar que el hecho de que Elon Musk figurara entre sus asesores y que pronto vaya a ocupar un cargo político en su gabinete no tiene nada que ver con los cambios que se introdujeron en los algoritmos de Twitter para convertirlos en los algoritmos de X.
Se podría pensar, pero probablemente sería demasiado ingenuo.
Si perder 44.000 millones de dólares para comprar una red poco rentable y hacerle perder una gran parte de su valor parece que tiene poco sentido, realizar esa inversión para influir y cambiar la política del país líder mundial en tantos aspectos, quizá, soló quizá, puede tener bastante más.
(*) Escribí este artículo para el número de diciembre de la revista IPMark en papel. Lo publico por aquí antes de que termine el mes de diciembre.
Elon Musk habrá llegado a Twitter, o como lo llama ahora X, con mucho dinero, pero no ha arreglado el gran problema que tiene esa red social que es la falta de una moderación, los insultos, el racismo, la apología de la violencia y otras malas actitudes, que no entran dentro de la libertad de expresión, campan a sus anchas por la red social y están volviendo Twitter intransitable, me supongo que mucha gente esta abandonando Twitter, seguramente más de los que creemos (me supongo que Twitter solo informa de los que cancelan la cuenta, pero no de los que la dejan abandonada o sin usar)
Quizá esa falta de moderación y ese irse hacia los extremos sea justo lo que quería Musk. Parece que le ha salido bien si consideramos el rédito político que ha conseguido.